¿Qué pasa con el yoga si no eres flexible?
Ahora que el yoga está tan de moda he observado que existe una creencia muy común: para hacer yoga tienes que tener un cuerpo de gimnasia rítmica. Es decir, para hacer yoga tienes que saber abrirte de piernas, hacer el pino y hasta conseguir rascarte la frente con los dedos de los pies. A ver… que si eres una persona muy flexible y te encanta este rollo al estilo Circo del Sol, me parece genial pero… ¿qué ocurre si no eres flexible?
Como te digo, parece ser que mucha gente no se anima a hacer yoga porque creen que “no tienen el cuerpo perfecto.” Y es que esas imágenes tan visualmente atractivas que vemos de una chica joven y blanca que se estira hasta la saciedad han plantado esa idea en nuestra mente. Sin embargo, esas imágenes tan solo muestran una parte del yoga. Una parte que es realmente artística y como digo, visualmente atractiva, pero que tan solo muestran un parte del yoga.
En el momento en el que damos por sentado que necesitamos ser flexibles para hacer yoga estamos (posiblemente sin darnos cuenta) distorsionando lo que el yoga representa. Así que permíteme decirte que no, para hacer yoga no necesitas un cuerpo perfecto, ni un cuerpo de gimnasia rítmica ni del Circo del Sol. Para el yoga tu cuerpo es perfecto tal y como está.
Sí, ya sé que a lo mejor te cuesta creértelo. Pero a pesar de tus dolores de cuello, espalda, hombros, cadera o que las manos no te llegan al suelo cuando estiras las piernas y demás… tu cuerpo es ideal para hacer yoga. ¿Por qué? Porque al yoga le da igual que tengas un cuerpo flexible o rígido.
El yoga es una práctica milenaria que aspira a unificar el cuerpo y la mente, que busca aumentar tu nivel de conocimiento tanto físico como mental. Para ello lo único que necesitas es conectar con las sensaciones de tu cuerpo y de tu estado mental, observar tu respiración, la tensión de tus músculos, tu energía, lo que disfrutas e incluso lo que te desanima mientras te mueves en la esterilla de yoga. Aun así, todos aspiramos a mejorar nuestra salud física y para mucha gente llegar a ser más flexible forma parte de este objetivo.
Si tú también estás interesada/o en ser más flexible te ofrezco dos opciones:
Si hay alguna asana o postura de yoga que te frustra, no la pagues con tu cuerpo. Busca una alternativa a esa postura. El yoga tiene muchísimas variaciones en la que puedes usar bloques, cintas, cojines… Es mejor que disfrutes la asana a que te enfades porque no te sale.
La segunda opción es que si a pesar de las alternativas que buscas no consigues sentirte bien en esa postura, no te apresures en asumir que el problema está en tu cuerpo. A lo mejor es que esa asana no te sirve en estos momentos. Tu cuerpo es diferente al mío y diferente a las personas que formaron el yoga (en su mayoría hombres y chicos jóvenes con un estilo de vida radicalmente distinto al que vivimos en el siglo XXI).
¿Qué quiero decir con que “esa asana no te sirve en esos momentos”? Pues que seas consciente de que en estos momentos esa postura no se adapta a tu cuerpo. Acepta la situación, pero no la des por zanjada. En vez de resistirte cada vez que esa asana vuelva a tu práctica, intenta aprender algo nuevo de ella, de verla como si fuera la primera vez. Si a pesar de todo no te sienta bien, deséchala por ahora.
Conclusión:
Dale un descanso y céntrate en lo que te nutre y te ayude a disfrutar de la práctica.






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